Hoy estoy muy triste.

Aunque no lo crean.

No me pidan distracción. No me pidan que piense en otra cosa. No me pidan que me enfoque en lo positivo.

Simplemente estoy triste.

Profundamente triste.

Y esta vez la tristeza llegó temprano, a plena mañana, sentado en el trabajo.

No en la soledad de la noche.

No después de una canción.

No después de un viaje en Uber.

Aquí estoy, en medio de la rutina, y aun así me alcanzó.

Si tuviera que describir qué está pasando, diría que llevo demasiados días seguidos cargando cosas muy pesadas.

Llevo demasiado tiempo intentando contener una tristeza que, a veces, simplemente necesita atravesarme.

Y, aun así, sigo funcionando como si nada.

Pero llega un momento en que la mente deja de discutir y simplemente se entristece.

Y si hoy la tristeza ha venido a visitarme, entonces quizás no sea el día para pelear contra ella.

Quizás sea un día para reconocer que estoy triste, inmensamente triste. Y ya está.