Me molesta que se romantice la idea de que los dolores hay que superarlos y que el tiempo se encarga de aliviarlos.
Eso no es verdad. Es una maldita mentira, una estupidez complaciente. Una manera de acomodarse y mirar para otro lado cuando el sufrimiento ajeno incomoda.
Hay dolores que no se superan ni se transforman, tampoco enseñan nada. Solo se quedan contigo, a veces para siempre. Y eso no es estar mal. Es ser humano.
No hay redención en esto ni etapas que cotejar en casillas de superación.
Estar inmensamente mal cuando el dolor te perfuma no es un retroceso, ni estar triste es una falla del sistema que hay que corregir.
A veces se vive eternamente en el dolor sin más remedio. Y qué más diablos da. Esto no es metáfora.
Solo. Hueco. Triste. En soledad. Con lo poco que queda. Con lo que lastima. Con lo que ya no importa.
Simplemente uno se encumbra en el derrumbe de su propia existencia y se convierte en sombra. En un rey del dolor, sin corona ni trono.
