La invasión de los motoristas
“El mayor peligro que nos depara el futuro es la apatía”.
Jane Goodall

No me queda claro cuándo comenzó. Lo que sí sé es que se convirtió en costumbre.
En República Dominicana, hay constancia de que ya en 20101 los motoristas se subían a las aceras como si les pertenecieran. Y aquí estamos, en 2025, viéndolos pasar como chivos sin ley en el espacio de los peatones.
Aquí no les llamamos motociclistas. Se les llama motoristas. Hace años, un comediante los llamó en broma “muerto ahorita”2. Y no estaba tan lejos de la verdad: la velocidad con la que se desplazan o la forma en que cruzan entre los carros, convierten ese apodo en algo más que un chiste. Y mucho más en estos tiempos, en que hacen gala de una temeridad sin precedentes.
En 2010 había 1.4 millones de motocicletas registradas en el país. Para junio de 2025, la cifra se aproximaba a los 3.7 millones3. El parque de motores no ha dejado de crecer, y con él también se ha disparado el desorden, ante la desidia de las autoridades.
Desde luego, sería injusto reducir el problema a quienes conducen estos vehículos. Los motores no se han impuesto por capricho, sino como respuesta ante lo que el Estado no ha resuelto.
Como bien escribió el arquitecto y planificador urbano Marcos Barinas: Los motoristas no provocaron el caos vial, los motoristas son la consecuencia de décadas de negligencia en el acceso a transporte público y al ordenamiento del suelo urbano4.
Ahora bien, que el motor sea para muchos la única salida, no se justifica que se haya convertido en una amenaza para los demás.
El espacio público sigue siendo el mismo y las leyes no se han hecho cumplir. Creció el número de ruedas, sí, pero también el silencio institucional5.
En estos quince años han pasado tres presidentes y ninguno ha enfrentado el problema con la seriedad que merece.
Ni siquiera el gobierno actual, que llegó al poder montado en su eslogan de cambio, ha sido capaz de ponerle el cascabel al gato. Todo sigue como estaba. Tal vez peor.
En este punto, es importante recordar que la indignación ciudadana nos llevó muchas veces a las calles. Hemos protestado por lo justo y lo hemos hecho con firmeza. Hoy, sin embargo, lucimos anestesiados.
Hay causas que despiertan pasiones, pero la invasión de los motores no parece ser una de ellas. Y, sin embargo, debería serlo. No solo porque urge frenar la vorágine que nos arropa, sino por algo más trascendental: quienes no tienen carro ni motor también son ciudadanos.
Las aceras ya estaban convertidas en parqueo para los vehículos de cuatro ruedas desde hace tiempo. Ahora, con la indetenible invasión de los de dos ruedas, el peatón camina como puede y está más solo que nunca.
No hay una sola zona del Gran Santo Domingo donde se pueda caminar tranquilo por las aceras sin miedo a que un motor resuene por detrás.
No hay operativos constantes. No hay una política clara. Sencillamente no hay voluntad. Lo que hay es abandono y una amarga sensación de que esto no va a cambiar.
Si esta invasión no se resuelve en los próximos quince años, al menos que quede la constancia. La vimos venir, la vivimos y la aceptamos en silencio.
Referencias
¹ Si hay tapones los motoristas toman las aceras — @fer_schez, X ↩
² “Muerto ahorita” — Diario Libre ↩
³ Informes parque vehicular — Dirección General de Impuestos Internos (DGII) ↩
⁴ Los motoristas no provocaron el caos vial — @marcosbarinas, X ↩
⁵ Autoridades irresponsables — Diario Libre ↩