La imagen que no es tuya
Leer en inglés“Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”.
Albert Einstein

A veces basta un desacuerdo menor para que alguien proyecte sobre ti toda una teoría emocional de quién eres: que si te molestas fácil, que si no aceptas opiniones distintas, que si te crees dueño de la verdad.
Lo curioso es que nada de eso salió de ti. Simplemente se construyó en la cabeza del otro.
No importa lo que digas, ni cómo lo digas. Para algunas personas, el solo hecho de expresar una idea con claridad es suficiente para colocarte varias etiquetas.
Este tipo de reacción suele ser una forma de defensa emocional muy arraigada, con la que se procura cerrar el diálogo antes de enfrentarse a una idea que incomoda o que obliga a revisar sus propios supuestos. Es una respuesta conocida y sustentada por la ciencia1.
Pensar con profundidad desafía a quien prefiere lo superficial. Pedir claridad puede ser visto como confrontación por quien se siente inseguro. Una conversación profunda puede parecer intransigente a quien evade el fondo y abraza la forma2.
Y en muchos espacios, especialmente los cotidianos, esto se convierte en un patrón que genera tensión en aquellos que piensan críticamente donde predominan los arranques de emoción, la informalidad o la desafortunada costumbre de no profundizar.
Es como hablar en otro idioma, o estar fuera de frecuencia3.
¿Y qué haces ante eso? Nada. Porque no eres tú el problema. No están viendo quién eres, sino todo lo que no soportan ver en ellos mismos.
Por eso conviene recordar que todo prejuicio revela más al que lo emite que al que lo recibe.
Porque, al final, no es a ti a quien están juzgando, es la imagen que no es tuya.
Referencias
¹ Projection as a Defense Mechanism — Verywell Mind ↩
² Why Facts Don’t Change Our Minds — The New Yorker ↩
³ When Critical Thinking Is Not Worth It — Psychology Today ↩