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Henry HidalgoUn hidalgo sin ingenio
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Un hidalgo sin ingenio

El disparo mudo

Henry Hidalgo•1 de julio de 2025•1 min de lectura
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“De que sirve la vida si a un poco de alegría le sigue un gran dolor”.

Alberto Cortez (1976)
“Pérdida”, una escultura de Jane Mortimer. (K. Mitch Hodge)

El dolor no siempre grita. A veces entra en silencio, como un disparo sin eco. No atraviesa el cuerpo, atraviesa algo más hondo. Una imagen basta. Una imagen que no debería doler, pero duele. Porque no es lo que muestra, es lo que confirma.

No sangra la piel, sangra el lugar exacto donde alguna vez hubo pertenencia. Donde hubo voz. Donde hubo nombre. Lo que se rompe no es visible, pero se queda. Se queda como una punzada sorda que no se va con el tiempo, ni con las palabras, ni con el aire.

No se trata de rabia ni de celos ni de nostalgia. Se trata de entender, de una vez por todas, que el lugar fue ocupado. Que el relato siguió sin ti. Que ya no hay espacio para tu sombra, ni para tu historia, ni para tu versión de los hechos.

Y entonces todo se calla. La emoción, la boca, el mundo. Solo queda esa pena que no necesita explicarse. Esa tristeza que no llora, pero arde. Esa soledad que no pide compañía, porque sabe que no hay.

El disparo no hizo ruido, pero dio en el centro. Y desde entonces, algo tiembla adentro cada vez que el mundo sonríe sin ti.

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